Cada año nunca falta el político que quiere colgarse de la Marcha del Orgullo Gay de Mérida; es muy grande la tentación de ser visto por miles de personas y fingir que apoyas esa causa.
Este año, el farol fue el ex priista Sergio Vadillo Lora, quien acudió al Paseo de Montejo con su camisita del arco iris a promover su organización política llamada “Suciedad Valiente”.
Se tomó fotos y video con muchos creadores de contenido, como la Tía Chayo, quien cayó en el juego de ese sujeto, cuyo único interés es posicionar su prospecto de partido, no apoyar a la comunidad LGBT.
Pero en años anteriores nunca ha faltado el político que hasta desfila en todo Paseo Montejo para que lo vean. El mejor ejemplo que se nos ocurre es Rommel Pacheco, que cuando fue diputado federal nunca presentó una iniciativa para ayudar a los miembros de la diversidad pero bien que utilizó como bandera electoral esta causa.
En su momento lo criticamos y ahora lo recordamos: desde que era legislador federal por el PAN Rommel Pacheco usó marcha del orgullo gay única y exclusivamente para hacerse promoción, nada más.
Cuando se cooxviró a Morena también desfiló por Montejo; él se sentía rey del Carnaval. Nunca hizo nada a favor del pueblo los tres años que cobró como diputado federal pero bien que le encantaba el argüende.
Eso sí, para que nadie pensara que es gay, siempre se hizo acompañar de su esposa, la “influencer” conocida como Lylo Fa, aquella que destruyó la gastronomía yucateca en Masterchef Celebrity.
La meta de Rommel era quedar como un político “tolerante”, “de mente abierta” e “incluyente”, aunque en el Congreso de la Unión jamás presentó una iniciativa para respaldar a este grupo vulnerable.
Una vez que logró su verdadero objetivo, ser director de la CONADE, mandó a la tiznada a todos los representantes de la diversidad y desde el 2024 no ha dado señales de solidaridad con ese sector.
Siempre criticamos que los organizadores del “pride” de Mérida permitieran y hasta invitaran directamente a políticos, sabiendo que ellos únicamente acudían para promoverse electoralmente.
No solo lo hicieron los organizadores de Mérida, también los de Progreso; todos ellos no se dieron cuenta que este movimiento social (el cual NO fue iniciado por ellos) servía como plataforma política; o quizá sí se dieron cuenta pero les valió verch.
Queremos pensar que quienes están detrás de esas marchas no tienen intereses políticos, porque de lo contrario significaría que están tergiversando una causa que todo el tiempo debe ser ciudadana.
Y es que para cualquier político es muy tentador aprovecharse de un movimiento donde asisten miles de personas, la mayoría de ellos jóvenes, y que además no les costó un solo peso hacerla realidad.
Prácticamente tienen la mesa servida para hacerse promoción y ganar adeptos. Cada año lo decimos: pareciera que los organizadores tienen intereses muy distintos a los intereses de la comunidad LGBT; esperamos estar equivocados.