Pomuch, el pueblo de México que desentierra a sus muertos
En Pomuch celebran el Día de Muertos de una manera muy particular
Fuente: MATADOR NETWORK

Pomuch se encuentra en el estado de Campeche, a unos 53 kilómetros al noreste de la ciudad de Campeche, y pertenece al municipio de Hecelchakán. Sus habitantes son orgullosos descendientes de los mayas y sus costumbres y tradiciones te van a encantar.
 

En Pomuch celebran el Día de Muertos de una manera muy particular. El camposanto del pueblo es también un osario y, un par de semanas antes de la celebración a los fieles difuntos, las familias comienzan los preparativos para reencontrarse con los huesos de aquellos que, en vida, fueron parte de su familia y que aún lo son en sus corazones.
 

Las osamentas reposan dentro de pequeños baules o urnas que, año con año, son sacados de sus nichos para ser destinatarios de rezos, cantos y para recibir las noticias familiares. Lo ancestral se siente en el ambiente y los antepasados sonríen, gozan y no espantan a nadie.
 

Al cumplirse los tres años y medio de la muerte, los familiares se preparan para realizar la exhumación, el desentierro de los huesos que, según la tradición, sirve para dar aire y acercarse a quienes se adelantaron en el camino.
 

Unos días de que inicie oficialmente el Día de Muertos se limpia el cementerio y la casa se prepara para la fiesta. Luego, sin temor y más bien en medio de un ambiente de algarabía, sin guantes ni cubre bocas, hombres y mujeres, una vez abierta la lápida, realizan la primera limpieza.

Recolectan todos los huesos, hasta los más pequeños, para quitarles el resto de la piel o los cabellos y los depositan en una nueva caja de madera, envueltos en sábanas blancas.
 

Esta tal vez sea la parte más difícil del proceso: la tristeza se une al recuerdo y el sentimiento es muy fuerte. Pero el lazo espiritual con su difunto es indestructible.
 

Este ritual puede requerir de tres a cinco días, hasta que los huesos estén totalmente blancos. Para lograrlo, los ponen a hervir en una olla con cal y después efectúan una segunda limpieza. Finalmente, los colocan en un osario envuelto en tela blanca con bordados, y así están listos para la ceremonia del 2 de noviembre.